Los precios de la nafta y el gasoil volverán a aumentar por tercer mes consecutivo. Si bien compañías analizan de cuánto sería el ajuste, la suba estimada para diciembre rondaría el 3%, que traducido a pesos sería entre $30 y $40.

La depreciación del peso del 2% prevista por el Gobierno para diciembre («crawling peg»), sumada a un incremento de la cotización del barril de Brent (punto de referencia para la Argentina), explicarían el ajuste.

En comparación con octubre de 2023, la venta de nafta Premium y gasoil tradicional sufrió caídas importantes, de aproximadamente 19,55% y 17,08%, respectivamente. A pesar de este retroceso, la leve mejora en las ventas mensuales de octubre genera un alivio temporal para las empresas del sector, que siguen operando con volúmenes inferiores a los de años anteriores.

Cómo impactan el transporte

El ajuste en los precios de los combustibles tendrá un impacto sobre el sector del transporte, que ya enfrenta desafíos por el aumento de otros costos operativos, como las tarifas de peajes, el mantenimiento de la flota y la suba de los salarios. Los transportistas, que dependen principalmente del gasoil para sus vehículos, verán aumentados sus costos de operación en un contexto donde el precio de los combustibles sigue en ascenso.

La acumulación de ajustes sucesivos puede tener un importante impacto sobre los márgenes operativos de las empresas de transporte, que deben hacer frente a mayores gastos mientras tratan de mantener la competitividad.

El sector del transporte es clave para la economía argentina, dado que incide directamente en los costos de distribución de productos y servicios a nivel nacional. Desde la logística de productos de consumo hasta la distribución de mercancías industriales, el transporte representa un eslabón fundamental de la cadena de suministro. Por ello, cada aumento en los costos de combustibles se traduce en una presión adicional sobre los precios finales de productos y servicios. En este sentido, la suba de combustibles se convierte en un factor que contribuye a la inflación generalizada, afectando el poder adquisitivo de los consumidores.

Además, el transporte de cargas representa un porcentaje significativo de los costos en muchos sectores productivos, lo que provoca una reacción en cadena. Los incrementos en los costos operativos pueden llevar a las empresas a reajustar sus tarifas de transporte, lo que afectaría a otros eslabones de la cadena de distribución, aumentando el precio final de los bienes que llegan al consumidor. Esto genera un impacto directo sobre el bolsillo de los argentinos, especialmente en un mes como diciembre, en el que los precios tradicionalmente tienden a dispararse.