La comunidad católica festejó a su santa patrona, la Virgen de Luján.


El estruendo de la bomba rompió la calma de la mañana en Chauchillas, anunciando el inicio de una jornada cargada de emoción, fe y devoción. En las calles el murmullo de voces se entremezclaban con el paso firme y apurado de las familia, jóvenes y ancianos, que llevaban en sus miradas la emoción de un día esperado con ansias.

Las bombas y los cohetes marcaban el inicio de que la procesión, la misma partió pasada las 10 desde el «lado de arriba», siguiendo la ruta 211. Los caballos briosos con sus gauchos, embanderados con la enseña papal, partieron adelante, el pueblo a pie rezaba el rosario y los niños acompañaban con el sonar de los bombos, «que se sepa que María estaba en camino».

En el trayecto no podían faltar las imágenes del Señor Hallado de Villa Jiménez y de San Francisco Solano de Los Núñez, que se fueron sumando y fueron recibidas con aplausos por la multitud, que luego con devoción continuaba rezando el rosario y elevaba cantos de alegría.

La emoción alcanzó su punto más alto cuando la procesión, encabezada por los gauchos y fieles devotos, llegó a la capilla. La imagen de la Virgen de Luján se alzaba majestuosa sobre los hombros de los portadores, mientras el padre Ariel Muratore lanzaba vítores con voz firme y apasionada:»¡Viva la Virgen de Luján!», «Viva la comunidad de Chauchillas». La multitud, contagiada por el fervor, respondió con un estruendoso «¡Viva!» que retumbó en los muros del templo y en el corazón de los presentes. Banderas agitadas, aplausos y lágrimas de emoción en muchos rostros reflejaban la profunda devoción del pueblo. En ese instante, la fe no era solo un sentimiento, sino un vínculo palpable que unía a todos en un mismo clamor.

Cristo, el centro de nuestra vida

Después de la lectura de la Palabra en la que se recuerda el encuentro de Jesús con los discípulos de EMAUS, el padre Ariel en su homilía pidió especialmente a quienes iban a recibir por primera vez a Jesús sacramentado que «sientan arder el corazón por Jesús», tal como lo sintieron sus discípulos.

En un mensaje cristocéntrico llamó a poner a Jesús por delante y recordar que María, su madre, es un puente de esperanza que nos une a Él, es un intermediadora, pero que Cristo debe que ser el centro de nuestra fe.

Luego de la consagración del pan y del vino, cuatro niños y tres jóvenes recibieron su primera comunión y luego el resto de la asamblea se acercó a comulgar.

El canto final a la Virgen resonó en la capilla, marcando el cierre de la celebración. Afuera, los aromas de las comidas típicas y el murmullo de los asistentes daban paso al festejo comunitario. Fueron once días de fe y unión, con la imagen visitando hogares y culminando este sábado con la Santa Misa, un fiel reflejo del fervor de Chauchillas.

Historia

La devoción data del año 1950, cuando por iniciativa de una docente de la Escuela N°10 de esta localidad, María Esther López de Rueda, se trajo la imagen de la Virgen de Luján. La gruta se erigió en un predio donado por un vecino y se inauguró oficialmente el 11 de noviembre de ese año cuando se realizó la entronización, declarándola Patrona de Chauchillas.